
Lula conserva una ventaja corta para la primera vuelta del 4 de octubre, pero las principales encuestas describen un eventual balotaje frente a Flávio Bolsonaro como un empate técnico.
25 de septiembre de 2026Los mercados observan una combinación delicada de endeudamiento récord, conflictos geopolíticos, tasas elevadas y apuestas multimillonarias por la inteligencia artificial. Una corrección brusca podría encarecer el crédito y golpear con especial fuerza a las economías emergentes.
26 de setiembre de 2026
Infopaís
La economía internacional llega al último tramo de 2026 con una resistencia mayor a la esperada, pero también con vulnerabilidades que se acumulan. La deuda global rozó los 353 billones de dólares al cierre del primer trimestre y se mantuvo en torno al 305 por ciento del producto mundial. Al mismo tiempo, la guerra en Medio Oriente, la volatilidad del petróleo y la fragmentación comercial volvieron más difícil la tarea de los bancos centrales.
El problema no es un único foco de tensión, sino la posibilidad de que varios se activen a la vez. Gobiernos muy endeudados deben refinanciar vencimientos a tasas más altas; empresas tecnológicas necesitan volúmenes crecientes de capital; y los inversores se mueven entre el temor a una inflación persistente y la expectativa de que la inteligencia artificial sostenga el crecimiento. Esa combinación alimenta la idea de una eventual tormenta perfecta.
El Banco de Pagos Internacionales advirtió que el elevado endeudamiento público puede amplificar los movimientos en el precio de los bonos, especialmente porque fondos de inversión, aseguradoras y otros intermediarios no bancarios tienen una presencia cada vez mayor en los mercados de deuda soberana. Si las tasas largas suben con rapidez, las pérdidas de valoración pueden obligar a vender activos y extender la tensión a otros segmentos financieros.
El margen fiscal también es menor. Después de la pandemia y de sucesivas crisis energéticas, muchos países disponen de menos capacidad para responder con estímulos ante una nueva caída. Si a eso se suma un repunte del petróleo o de los alimentos, los bancos centrales podrían verse forzados a mantener una política monetaria restrictiva aun cuando la actividad se debilite.
La inversión en inteligencia artificial es uno de los grandes motores de la economía mundial. Los cinco mayores grupos tecnológicos se encaminan a destinar más de un billón de dólares entre 2025 y 2026 a centros de datos, semiconductores, redes y energía. La apuesta puede elevar la productividad y abrir una nueva etapa de crecimiento, pero su rentabilidad todavía no está asegurada.
Parte de esa expansión comenzó a financiarse mediante emisiones de bonos, crédito privado y estructuras complejas que no siempre muestran con claridad dónde queda concentrado el riesgo. Si los ingresos futuros no justifican las valuaciones actuales, una corrección de las acciones tecnológicas podría reducir la riqueza financiera de los hogares, frenar el consumo, encarecer el crédito corporativo y obligar a recortar inversiones. No se trata de afirmar que el auge terminará necesariamente en una burbuja, sino de reconocer que el sistema se volvió más sensible a un cambio repentino de expectativas.
La tensión geopolítica completa el cuadro. Los conflictos afectan rutas marítimas, costos de seguros, energía, fertilizantes y cadenas logísticas. Un nuevo salto del petróleo podría trasladarse a la inflación y alterar las decisiones de la Reserva Federal y de otros bancos centrales. Para los mercados emergentes, tasas estadounidenses más altas durante más tiempo suelen significar un dólar fuerte, salida de capitales y mayor prima de riesgo.
El Fondo Monetario Internacional proyectó un crecimiento mundial moderado y señaló como amenazas una escalada bélica, la fragmentación del comercio y una corrección vinculada a las expectativas sobre la IA. La economía global aún no muestra una crisis inmediata, pero sus defensas son desiguales y el costo de un error de política es mayor.
Argentina está expuesta principalmente a través del financiamiento. Una venta generalizada de activos de riesgo elevaría los rendimientos exigidos a los bonos emergentes y podría ampliar el riesgo país, dificultando el regreso sostenido al mercado internacional. Ese escenario sería especialmente sensible ante el importante calendario de pagos en moneda extranjera previsto para 2027.
También existirían canales comerciales. Una desaceleración mundial puede reducir la demanda y los precios de productos exportables, mientras un encarecimiento de la energía, los fletes o los fertilizantes presionaría sobre los costos internos. Si el dólar se fortalece en el mundo, las monedas de la región podrían sufrir y crecería la presión sobre las reservas.
Sin embargo, el punto de partida argentino presenta algunos amortiguadores. La disciplina fiscal, la acumulación de divisas, el financiamiento de organismos multilaterales y la expectativa de mayores exportaciones de energía y minería mejoraron la percepción de los inversores durante 2026. Los mercados emergentes, además, recibieron flujos récord hacia deuda en los primeros siete meses del año. Esa tendencia demuestra que un shock externo no tendría consecuencias automáticas, aunque sí pondría a prueba la credibilidad y la capacidad de sostener el programa económico.
En las próximas semanas, la atención estará puesta en la evolución de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, el precio del petróleo, las emisiones de deuda de las grandes tecnológicas y los resultados concretos de sus inversiones en IA. Para Argentina serán decisivos el ritmo de compra de reservas, el acceso a financiamiento, el riesgo país y la continuidad del equilibrio fiscal.
La tormenta perfecta no es un desenlace inevitable. Es un escenario de riesgo que surge cuando deuda, guerra, inflación y exuberancia financiera se retroalimentan. En ese contexto, los países con políticas previsibles y mayor capacidad de financiamiento estarán mejor preparados. Para Argentina, sostener la estabilidad y fortalecer sus reservas será la principal defensa frente a un mundo más volátil.
• Banco de Pagos Internacionales Informe Económico Anual 2026
• Fondo Monetario Internacional Perspectivas y estabilidad financiera 2026
• Instituto de Finanzas Internacionales Monitor de deuda global 2026
• Banco Mundial Perspectivas económicas mundiales junio de 2026

Lula conserva una ventaja corta para la primera vuelta del 4 de octubre, pero las principales encuestas describen un eventual balotaje frente a Flávio Bolsonaro como un empate técnico.
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ESPECIAL 25 AÑOS

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